Eso es, dijo el Burro Juez cuando vio las cosas al revés. ¡Se hará justicia! Dijo el Burro Juez y consultó el inciso tal del artículo cual y se aprestó a dictar sentencia. Antecito había preguntado al acusado cuanto hay en constante y sonante y ante la respuesta: “Soy chiro Sr. Juez”, éste contesto: “Salado cholito, te caerá todo el peso de la ley”. Y así fue como Juan Tipantasig, por haberse robado un huevo de gallo y gallina fue condenado a la máxima pena de reclusión extraordinaria.
Eso es, dijo el Burro Juez cuando vio las cosas al revés. ¡Se hará justicia! Dijo el Burro Juez! Ésta vez no consultó ningún artículo ni ningún inciso y se aprestó a dictar sentencia. Antecito había recibido una llamada por celular del dueño de la función judicial del país para recordarle: “Si no fuera por mí, todavía estarías trabajando como amanuense o en alguna notaría de poca monta perdida en algún caserío del país. Salado cholito, sino haces lo que te ordeno, ya tengo el reemplazo para tu puesto”. Y así fue como el Burro Juez sobreseyó provisionalmente a Jamil, la maja de Harvard Witt, uno de los más contumaces delincuentes de cuello blanco del país que le metió la mano al bolsillo de los depositantes de los bancos decretando un feriado bancario y llevando a la banca rota al país.
¿Eso? ¡Eso no! Dijo el Burro Juez cuando supo que iban a remover a todos los jueces de las cortes del país, y se aprestó a estudiar todos los códigos habidos y por haber, aunque después lo pensó mejor: “¿Para qué perder el tiempo? Me presentaré al concurso de merecimientos, sólo para que no digan que no cumplí con el debido proceso”. Acto seguido llamó a su padrino, el dueño de las Cortes de Justicia de país, quien le aseguró: “De ahí no te mueve ni un terremoto” y así fue como el Burro Juez, más conocido en los bajos mundos como el Sr. De la Justicia, llegó a ser Magistrado de la Corte Suprema de Justicia.
Hoy el Burro Juez, asesorado por el alcalde de Guayaquil (más conocido en las altas esferas socialcristianas como el cachorro del Cortijo), piensa que la mejor forma de acabar con la inseguridad y la delincuencia es establecer la pena de muerte o al menos la cadena perpetua en el Ecuador.
José Villarroel Yanchapaxi
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