miércoles, 24 de septiembre de 2008

Doncellas Anticonstituyentes


“Dios los crea y ellas se juntan” reza el dicho popular. Ahí están juntitas: La roba luz Kika Pérez de los PRIAN, la dictócrata Lucía Gutiérrez, la Alfredita Serrano y la Pocha Harb: Las corre, ve y dile del perro con hambre y sed de venganza del Cortijo, y de yapa, la ciclista calva Carla Larreategui de la UDC (ex DP. Más allacito, en ésta portada digna de la revista Playboy se puede apreciar a Andrea Páez de la ID, diciendo que su bloque apoyará la Constituyente siempre y cuando se respete “ciertas condiciones” dictaminadas por el octogenario Rodrigo Borgia, además de Jimita Jairala del PRE que suspira por el loco que ama.
Aura sí, apuraditas dizque les ha agarrado la taranta de hacer las reformas constitucionales que a sus coidearios diputados de alquiler no les dio la gana de hacer en el periodo anterior. Por fin dizque han encontrado una hacha de acero inoxidable, más mejor que el arma corto punzante de la Lorena Bobbit, para romper el candado constitucional, y como nadie les cree su condición de doncellas dizque van a trasladar el Parlamento Nacional a Manta o Guayaquil.
Histéricas se muestran las doncellas anticonstituyentes, lluchiticas se muestran de cuerpo entero, sobretodo porque el pueblo ecuatoriano les dio la del zorro en la contienda electoral al Avarito Noboa y a la Super Cintia Viteri. Ante el fracaso del sistema neoliberal ya dizque han dado a luz el llamado Proyecto UNO de la Maruri, la Pinto, la Larreategui y la Mata, tratando de convertirse en el corto plazo, en las diosas de la nueva derecha empresarial ecuatoriana.
En contraparte el pueblo ecuatoriano, identificado con quienes quieren verdaderamente un una Patria Nueva: MPD, Pachacutick, Socialistas, Nuevo País y Alianza País, ha decidido impulsar la Asamblea Nacional Constituyente, originaria y con plenos poderes, y se dispone a movilizarse, sistemática, sostenida y eficazmente, tomándose las calles, para seguirlas a cualquier lugar, e impedir sus trafacías.
Delicadamente, el pueblo ecuatoriano, caballero como es, las mandará con una patada allí donde la columna vertebral pierde su nombre a sus casas, a trabajar siquiera por una vez en su diputada vida.
José Villarroel Yanchapaxi

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